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El Calypso y la Esfera del Valor


Las ciencias sociales, solía decir Marx, carecen de un laboratorio como el del químico o el físico para realizar ensayos sobre la materia, en su lugar la economía política cuenta con un laboratorio especial que, aunque abstracto, también toca la materia, se le llama poder de abstracción. Se trata de la posibilidad de generar imágenes que describan la realidad relacional del tiempo-espacio social.


La mente puede proyectar virtualmente una arquitectónica o ADN de la complejidad de procesos sociales que constituyen el Sistema Económico Mundial (SEM) como un organismo vivo que se encuentra en procesos históricos de desarrollo, generando entre si diversas etapas que responden a leyes (al menos) doblemente determinadas, a saber, en lo local y en lo universal.


El poder de abstracción construye en este laboratorio un orden de antenas, diseñadas cada una para capturar la a veces débil señal de cada uno de tantos movimientos complejos que constituyen el todo, los separa y aprehende en sus particularidades para después volverlo a unir mentalmente en su conjunto para identificar la tendencia de desarrollo global.


Walter Benjamin decía - recurriendo a un ejemplo náutico - que la dialéctica sería la disposición de velas que tiene un barco para aprovechar los vientos que lo lleven a su destino. Cada categoría, así dicho, es una vela que permite conocer el sentido del rumbo histórico del capitalismo.


Pero hay una complejidad adicional: esta realidad no puede ser observada a simple vista, es una objetividad no física, es una expresión material que se esconde detrás de las apariencias objetivas físicas. Sucede, además, que esta materialización no es un problema exclusivo de las ideas sino que parte de la manera en la cual el modo productivo construye su expresión material fenoménica. Es decir, las leyes económicas que observamos a simple vista son un reflejo invertido de las leyes económico históricas que están ocurriendo en las profundidades de su arquitectura, de su estructura elemental.


Así como el Universo está compuesto de partículas subatómicas que presentan complejas organizaciones e interacciones entre sí, mismas que le dan fundamento y materialización a las dimensiones de toda realidad, es en la Estructura Económica Global (EEG) que habremos de encontrar también esas pequeñas partículas que componen la esfera del valor, tiempo-espacio en el que se contiene el desarrollo del capitalismo en tanto su gran rotación histórica.


En suma, toda vez que tenemos que apuntar el barco a las leyes fundamentales y no a sus expresiones derivadas, es que tenemos que sumergirnos en la esfera del valor. El barco de Walter Benjamin se vuelve submarino y ha de dirigirse a las profundidades del núcleo en el cual la EEG genera su movimiento y desarrollo. Cada categoría, pues, es ahora un sensor que capta la estructura cuántica de la realidad capitalista y devela su movimiento en las profundidades.




Ahora bien, así como los laboratorios científicos físicos tienen también sus particularidades e identidad estética, el laboratorio de la economía política también la tiene, pero en este caso se nutre de la idea de navegación. El laboratorio de categorías habrá de percibir los complejos movimientos, rotaciones e interacciones que ocurren en el mundo subatómico de la esfera del valor mediante el su propio movimiento metódico para capturar la información material de este núcleo orgánico.


Nuestro navegador especial se llama Calypso y en él es posible observar (aunque por estrategias indirectas) el ADN del Sistema Capitalista.

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