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La hipótesis del capital como una interrupción especial.






El capital de Karl Marx comienza con una advertencia sobre lo que se puede denominar la ley de la personificación. Esto significa que en el análisis científico la cualidad individual de los personajes que componen la realidad social importan en mayor grado por la función universalizada qué por el contenido individual y particular. No pintamos de color de Rosa a los capitalistas -nos dice el viejo topo- pero sabemos que el problema reside en lo que estos personajes representan.


Con esto se enuncia el principio dialéctico de la interrelación que existe entre lo singular, lo particular y lo universal. La actividad científica tiene por objetivo interrelacionar explícitamente los saltos multidimensionales entre estos tres elementos.


Antes del materialismo de Marx la historia era vista como la consecuencia de los actos individuales. Posteriormente, en cuanto ciencia, la historia se comprende como la recolección de conocimientos de la universal que hay en los casos particulares.


Esto viene a cuento pues una de las críticas tradicionales al capital está dirigida a sus consecuencias. El capitalismo sería esa inmensa colección de horrores maquilados por una élite que, desarrollada como clase, obtiene el poder absoluto. Nada puede ser impugnado. Todavía más se le confiere al capital un poder infinito para mimetizarse y realizar una nueva forma que le permita seguir alcanzando sus objetivos indefinidamente. El capital produce su fuerza ideológica en la cancelación de la noción de movimiento.



Una vez atajado este problema surge la pregunta sobre el resultado o forma universal alcanzada por el capital. la experiencia histórica se vuelve un recipiente de experiencias invaluables. De lo que se trata es ir más allá de las consecuencias del capital y anunciar las nuevas leyes universales que podemos conocer a través de esta particularización.


La explotación y la destrucción sistemática del ambiente no es puramente destrucción sino que también nos informa de un antagonismo fundamental. Este proceso no deja de ser un metabolismo entre lo social y lo natural, o mejor dicho, de lo natural que hay en lo social (y viceversa aunque en una determinación jerárquica establecida).


Marx enunció dos cualidades u objetivos que el capital como fase metabólica persigue: la conformación del mercado mundial y alcanzar una forma social coopèrativa de magnitud global. Por tanto, una vez alcanzado el cometido se entiende que la forma social entra en mudanza. En la visión dialéctica no tiene sentido que se alcance una cualidad y que el equilibrio permanezca indefinidamente, antes bien la determinación de la unidad considera desde el principio la semilla de su oposición.


Toda vez que una de las características constituyentes del capital és el vaciamiento del valor de uso (su cualidad), la riqueza abstracta que resulta de este proceso genera la ideología de la ganancia. Materialización del principio de expansión del capital hasta la construcción del mercado a escala global. La suspensión de la cualidad posibilita la expansión cuantitativa.


Basado en este principio es que la forma opuesta sería el retorno del valor de uso, de la cualidad, pero esta vez no tendiente a la homogeneización sino a la diversidad. Aplicando la ley de personificación de Marx podemos enunciar al capital como una fase metabólica que suspende cualidades individuales para alcanzar la materialización de su cualidad universal.


En otras palabras: la fase capitalista significa el puente de construcción desde el antagonismo que cancela lo individual para alcanzar una resolución universal. Esta interrupción cualitativa es el puente de construcción al inédito mercado mundial que ahora experimentamos.




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